Juego virtual de integrantes del taller
María Noel Pena
Julia Díaz
Rosa Brassie
Susana Turell
Lionel Rial
José Mata
Soy
un espantapájaros aburridísimo, Señor. Ya harto de estar crucificado en esta
estaca, solo, como si estuviera pagando alguna culpa. Porque no solamente las
aves se alejan de mí, sino que no veo un ser vivo en varios kilómetros a la
redonda. Hasta dónde me alcanza la vista lo único que percibo es mazorcas
rubias. Evidentemente soy eficaz. He decidido, por lo tanto, cambiar mi
condición, por eso he venido para rogarte que me ayudes. Sólo tú tienes el
poder necesario para cambiar mi vida. Tengo fe, confío en ti. Por favor,
atiende mi ruego.
-Querido espantapájaros, he observado tu vida y
valoro tu dedicación y tu fe en mi. Sé que eres sincero. No olvides lo que
Jesús crucificado hizo por la humanidad. Un espantapájaros dedicado y
eficiente, protege la vida de las aves y no contamina el planeta. Ojalá
existieran muchos como tú a lo largo y ancho de la tierra. De todos modos,
sabiendo que perderé un colaborador en ese lugar, voy a cumplir tu deseo sin
condiciones, pero con deberes.
Serás
un hombre libre, solo te pido que con esas piernas de humano que ahora tienes,
vayas por el mundo, sin detenerte jamás en ningún sitio y sobretodo no
adquieras hábitos de persona.
Llevo
varios meses en este trajín errante, y he observado a los hombres, he visto que
muchos de ellos están atados a estacas, que todos llevan una cruz, pero sin
embargo, alguno de ellos lo hacen con alegría, otros con resignación o hasta
con enojo por lo que les tocó vivir.
Yo no supe aceptar mi estaca y por eso quise salir a recorrer el mundo. Desee lo que los hombres tenían y no supe valorar lo que me había tocado en suerte.
Aquel campo de mazorcas era un paraíso. Y esto de cambiar y caminar sin parar, sin poder intimar con nadie no es lo mío. Extraño a los animales que vivían cerca de donde yo estaba y eran mis amigos, a los hombres que me habían colocado en esa estaca y veía cada día. Extraño mi hogar. Perdón Señor por no haber sabido valorar lo que me había tocado en suerte y desear lo que otros que a distancia parecía tan tentador. Te prometo que, tomaré los hábitos a la brevedad. Empezaré por el hábito de ingerir un litrito de whisky escocés etiqueta negra con un poco de queso de rallar por día y, con paciencia iré aumentando la dosis al doble, al triple, y así ad infinitum.
Mi objetivo, después de haber leído lo que antecede no puede ser otro que la autodestrucción por el sencillo método de ahogarme en el rubio licor. Eso sí, acompañado de no menos de tres rubias, y no más de cinco, hasta que la catedral de mi cuerpo se desplome en medio de una orgía de placer y dolor como la que soñé desde que escuche a un par de adolescentes humanos, allá en el campo cuando venían de retozar en la orilla del arroyo, hablar de la película CALIGULA. Y por qué no, antes de que esta vida jodida remate, invitar también a esa celebración de la carne a algún negro bien dotado (amarillos no, justamente tienen fama de lo contrario).
Escuché a esos mismos adolescentes decir que "de esa religión no hay arrepentidos". Y matizar el "Juancito" con el fruto de la vid; y tratándose de los últimos deseos pediría disponer de un buen Tannat, o un Dom Perignon. Y si me quedara tiempo Señor, te confieso todos mis pecados y así lograré tu absolución... si escuché decir que los grandes torturadores de la historia fueron admitidos en tu seno después de haber confesado su arrepentimiento, al lado de ellos lo mío es muy modesto!!!
Yo no supe aceptar mi estaca y por eso quise salir a recorrer el mundo. Desee lo que los hombres tenían y no supe valorar lo que me había tocado en suerte.
Aquel campo de mazorcas era un paraíso. Y esto de cambiar y caminar sin parar, sin poder intimar con nadie no es lo mío. Extraño a los animales que vivían cerca de donde yo estaba y eran mis amigos, a los hombres que me habían colocado en esa estaca y veía cada día. Extraño mi hogar. Perdón Señor por no haber sabido valorar lo que me había tocado en suerte y desear lo que otros que a distancia parecía tan tentador. Te prometo que, tomaré los hábitos a la brevedad. Empezaré por el hábito de ingerir un litrito de whisky escocés etiqueta negra con un poco de queso de rallar por día y, con paciencia iré aumentando la dosis al doble, al triple, y así ad infinitum.
Mi objetivo, después de haber leído lo que antecede no puede ser otro que la autodestrucción por el sencillo método de ahogarme en el rubio licor. Eso sí, acompañado de no menos de tres rubias, y no más de cinco, hasta que la catedral de mi cuerpo se desplome en medio de una orgía de placer y dolor como la que soñé desde que escuche a un par de adolescentes humanos, allá en el campo cuando venían de retozar en la orilla del arroyo, hablar de la película CALIGULA. Y por qué no, antes de que esta vida jodida remate, invitar también a esa celebración de la carne a algún negro bien dotado (amarillos no, justamente tienen fama de lo contrario).
Escuché a esos mismos adolescentes decir que "de esa religión no hay arrepentidos". Y matizar el "Juancito" con el fruto de la vid; y tratándose de los últimos deseos pediría disponer de un buen Tannat, o un Dom Perignon. Y si me quedara tiempo Señor, te confieso todos mis pecados y así lograré tu absolución... si escuché decir que los grandes torturadores de la historia fueron admitidos en tu seno después de haber confesado su arrepentimiento, al lado de ellos lo mío es muy modesto!!!
AAAAAAMÈN

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