Juego virtual de integrantes del Taller del Castillo Pittamiglio
Participantes: María Noel pena, José Mata, Julia Díaz, Lionel Rial, Susana Turell
¿Por qué traes un zapato y una zapatilla? preguntó
la azafata azorada mirando al hombre que distraídamente se entretenía con una
revista. El hombre sobresaltado se miró los pies. Evidentemente se había
olvidado de colocarse sus dos zapatos y aún tenía una de las zapatillas de entre casa. ¡Estaba impresentable!
Y para colmo debía concurrir a una reunión en Munich en tres horas y su vuelo
desde Londres estaba a punto de despegar. Pero no podía aparecer en la reunión
así. Tal vez si volviera a su casa a cambiarse, lograría tomar el siguiente vuelo -pensó.
El hombre se levantó, tomó su maletín y se dirigió
hacia la puerta del avión. En este momento vio como la puerta del avión se
cerraba... y fue presa de un ataque de desesperación. Entre las azafatas y
varios pasajeros debieron dominarlo, ya que el piloto y el copiloto en ningún
momento interrumpieron las tareas relacionadas con el despegue.
Un pasajero chocó su cabeza contra la de él y lo
durmió ipso facto. Se lo consideró pasajero de alto riesgo;
afortunadamente había asientos libres, por lo que reubicaron a
algunos pasajeros para dejarle tres asientos juntos y acostarlo.
Mientras
tanto detectaron a través de su documentación, que tenia un
apellido supuestamente musulmán, por lo que al llegar a Munich lo
desembarcaron (aun inconsciente) y lo embarcaron en un vehículo militar
(por tierra) con destino a una base norteamericana cercana a Frankfurt,
desde donde (si los americanos lo juzgaban necesario) podría ser enviado a
Guantánamo, que era justo lo que él deseaba.
Ya que detrás del zapato negro y la zapatilla rosa
con puntillas se escondía el espía de nombre Bruce Willis, que se hacía el dormido después del cabezazo recibido
por un alfeñique al que podría haber quebrado el cuello con un solo dedo, si se
lo hubiera propuesto.
Todo había sido una treta perfectamente diseñada
por la CIA, el FBI, el Mossad, y la Stasi, y llevada a cabo con maestría,
como todo lo de Bruce, que había
planeado hasta el último detalle cómo ingresar a Guantánamo para vender al enemigo sus favores y sardinas en lata ya
preparadas en salsa de rosas y azafrán, las que serían ofrecidas a precio de
costo a los homosexuales enemigos del régimen - convenientemente
envenenadas - para que la Revolución triunfase a pesar de la previsible
cantidad de súcubos y del error de apreciación de Bruce, a quien denunciaba su
predilección no sólo por las zapatillas rosas con puntillas sino por los
calzones también rosados, bordados con hilo de coco y perfumados con opio, para
de esta manera poder lograr su
objetivo, despertando más aún la ira de los aspérrimos conservadores,
incapaces de entender las bases de la revolución.
En el mismo vehículo militar, junto con Bruce, haciéndose el dormido, eran trasladados Arnold Schwarznegger y Jean-Claude Van Damme por ser también considerados personas de alto riesgo. Los tres acusados estaban seguros de que este episodio sería uno más de tantos ya
vividos y resueltos tan extraordinariamente bien por ellos. Ese sentimiento de tener todo bajo control siempre los acompañó.
Lo que no tuvieron en cuenta
fue que detrás de la CIA, el FBI, el Mossad y la Stasi estaba el FMI que los
esperaba, y luego de una cerrada curva, fueron víctimas de una
emboscada. Rápidos y ágiles individuos enmascarados aparecieron por todos
lados. Los tres acusados fueron trasladados a otro coche. El nuevo
transporte giró violentamente y se marchó a toda velocidad.
Ya en camino, los guardias se
quitaron las máscaras, las chaquetas y demás, liberando así,
esbeltos cuerpos femeninos que sin dejar de controlar a los tres hombres, les fueron
quitando la ropa, y explicando que solo querían verificar si realmente eran
"Los Indestructibles". El coche se detuvo frente a una mansión donde
lucía un gran cartel:
Fondo de Mujeres Incontenibles. Nuevamente, Bruce,
Arnold y Jean-Claude lograron su objetivo: la revolución sexual estaba en camino.
FIN
FIN

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