sábado, 10 de septiembre de 2011

CONFLICTOS ENTRE LOS PADRES POR LA CRIANZA DE LOS HIJOS


Loreley Carrión Vázquez
“Uno de los factores más dañinos para la salud mental de los niños es el conflicto y la discordia parental.” (1)

La mayoría de las veces nos referimos a este tema con relación a niños con padres separados.

Pero podemos encontrar problemas parecidos en niños cuyos padres conforman una pareja estable.

Para un desarrollo normal del niño es primordial que los padres compartan los objetivos y las reglas básicas, es decir, intentar establecer pautas generales que beneficien a todos y sean de común acuerdo. (2)

Por el bienestar del niño es fundamental la coherencia a la hora de marcar pautas. Los límites claros, bien definidos brindan seguridad al niño.

Cuando un niño recibe mensajes contradictorios, no sabe qué hacer y le será imposible complacer a ambos padres, llevándolo a un conflicto interno que sólo le causará angustia e inseguridad.

Es de gran importancia el no desautorizarse mutuamente. Si se presenta una situación imprevista en la que se encuentra uno de los padres, éste deberá resolver solo el problema, y lo antes posible, hacérselo saber al otro. Si hay una opinión contraria, hablarlo a solas y ver cómo solucionarlo de manera tal que al niño no lo afecte. Siempre hay que operar en conjunto. El niño nunca debería presenciar cuando los padres discuten sobre su crianza. Los padres deberían dejar sus temas personales a un lado, y enfocarse en lo mejor para su hijo. Actuar en bloque brinda contención, y eso ayudará a formar un adulto seguro.

Se complica más si hay abuelos o empleadas en la ayuda de su crianza. Convencerlos de que formen parte de un equipo es un buen paso a favor del niño. (3)

Todo empeora cuando los padres están separados y no hay buena comunicación. Debemos recordar que el divorcio es de la pareja, no de los hijos o de renunciar a ser padres. Cuando una de las partes, o ambos, quieren ser el padre “bueno”, todo lo permite, es el compinche, el único perjudicado es el niño. Los padres pierden autoridad frente a él, y éste no sabrá cómo enfrentarse a la vida, pues no se siente contenido por sus progenitores. El hijo no puede ser trofeo o rehén de una relación conflictiva entre los padres. Si ellos no presentan madurez y seguridad, ese niño se sentirá inseguro, y evidentemente infeliz.

Al momento de ser padres, tenemos en nuestras manos la mayor responsabilidad de nuestra vida, la crianza de un ser humano. Por muchos años dependerá de sus padres, y, es fundamental que no perdamos la brújula para buscar qué es lo mejor para el niño. Los límites, el enseñarle que no todo es posible, ayudan al crecimiento (4).

El mundo funciona de esa manera y nuestra misión como padres es ayudarlos a insertarse en èl de la mejor manera posible.

El conflicto de la crianza hace un adulto con cuerpo de hierro y pies de barro; parecerá  muy seguro pero en el fondo no lo es y le traerá mucha desdicha.(5)



Bibliografía

(1),(3),(5) Trenchi, Natalia, Educando Hijos, la aventura en familia, Montevideo, Uruguay, Ed. Arca, 1996

(2) Duarte, Rosina, Lic., “Guía para padres e hijos, siglo XXI”, fascículo 3, 1, 2010

(4) Dall’Asta, Adrián, “Guía para padres e hijos, siglo XXI”, fascículo 7, 3, 2010

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