![]() |
ABRÍ EL ARMARIO Y ME ENCONTRÉ CON LA TRISTE MIRADA DEL ELEFANTE
Me mire al espejo y vi la misma mirada que tenía mi pequeño amigo de la infancia, el elefante. Pero no sabía que estaba sucediendo, porqué yo tenía esa mirada de tristeza. Intenté olvidarme de ello y salí, pero parecía no funcionar. No entendía que me estaba pasando. Mis amigos me preguntaban si estaba bien, si algo me había sucedido; lo único que podía responderles era nada. Pero ellos sabían que algo andaba mal.
Era como si el elefante estuviera apoderándose de mí, ya estaba viendo por mis ojos y seguramente empezaría a meterse en todos mis sentidos. Oiría por mis oídos, olería por mi nariz... ¡Qué horror! Pronto empezaría a gritar como elefante. Salí corriendo del lugar, quería llegar a casa, volver a abrir ese armario y enfrentarme cara a cara con
Era como si el elefante estuviera apoderándose de mí, ya estaba viendo por mis ojos y seguramente empezaría a meterse en todos mis sentidos. Oiría por mis oídos, olería por mi nariz... ¡Qué horror! Pronto empezaría a gritar como elefante. Salí corriendo del lugar, quería llegar a casa, volver a abrir ese armario y enfrentarme cara a cara con
aquel elefante.
Al llegar a casa me encontré con una sorpresa aún mayor, ¡el armario no estaba! Empecé a gritar llamando a mi familia pero nadie respondió, silencio denso, agobiante. ¿Dónde estaban? Decidí buscar al elefante por toda la casa, pero ni rastro de él. De pronto comencé a sentir las piernas y los brazos muy pesados, como si fueran de elefante. ¿Qué estaba sucediendo?
Decidí, con temor, mirarme al espejo. Lo hago y me encuentro que me he convertido en Tarzán, Rey de los Monos y de las Monas. Y me dije, ¿dónde está Tantor, mi elefante favorito? Llamé a Tucutrú, mi mono-asistente, y le ordené que tocasen los tambores para llamar al elefante. Al rato, recibimos un telegrama de la Clínica Obstétrica de Ciudad del Cabo donde nos informaban que Tantor no era elefante sino elefanta y estaba dando a luz. Dio a luz un pequeño - es un decir - elefantito, y ahora se me plantea
el problema de cómo llamar al recién nacido.
Ya no entiendo nada, es una alucinación tras otra. Temo estar en otra dimensión. Pero saber ahora que la elefanta de mi armario, tiene un elefantito me da una sensación de asombro y ternura. Sería apropiado que le pusiera Dumbo, quizás tenga las orejas tan grandes como él. Ahora tengo que pensar, que no puedo seguir colgado de esta liana, tengo que encontrar el espejo que me devuelva mi imagen. Pero de pronto algo estaba
pasando frente a mi.
No podía creerlo, el elefantito se tornaba cada vez más pequeño. ¡Iba a desaparecer si no hacía algo!. Entré en un estado de desesperación, pues pensé que de desaparecer el elefantito también desaparecería mi chance de encontrar el anhelado espejo del que ya he hablado. Dumbo era casi inexistente cuando se me ocurrió pedir ayuda. Evidentemente estaba poseído de alguna manera y otra por maldición. Sé que tengo mucha gente que me tiene envidia. Me lo dijo Marta que me tira las cartas de tarot, me lo volvió a confirmar Walter el que me tira los buzios. Me consta que nunca le erraron en sus predicciones, pero estoy necesitando al Pai Carmiño de Umbanda, para que me conecte con algún Orixá. Ya lo llamo...
Comencé a marcar los números en el teléfono, pero se veían borrosos, de pronto un silbato estridente sonó dentro de mi cabeza, abrí los ojos sobresaltada y comprendí que ese sonido largo no provenía de ninguna selva, era mi despertador.
A través de la bruma del sueño, vi, inclinada sobre mi rostro la enorme cabeza de mi perra Pita, me ofrecía la pelota de goma, su más preciado bien, seguramente me escuchó gemir en sueños e intentaba consolarme.
Comprendí que ya era tarde y debía apresurarme para llegar en hora al trabajo; por suerte aquello solo había sido un mal sueño, y la vida volvía a su rumbo normal.
Después de una taza de café y una ducha de veinte minutos ya me sentía reconfortada y a salvo del delirio. Entré a mi dormitorio para vestirme, abrí el armario, y me encontré con a triste mirada del elefante..
Como un deja vu pensé, esto ya lo viví. Nuevamente el miedo comenzó a apoderarse de mi pero esta vez al mirarme al espejo solo vi mi reflejo y entendí que el sueño debía haber significado algo en mi vida. Lo medité unos minutos mientras terminaba de vestirme. Quizás toda esta historia y este sueño tan real fuera una representación de lo que me estaba pasando. No sería el elefante una representación de mi abuela; no sería su mirada, la mirada de esa persona que tanto me dio durante tantos años? No sería Tarzán una representación de mí, colgando en las lianas del destino y la incertidumbre? Los pensamientos se apoderaron de mí, y me acompañaron en mi rutina. Desayuné y me fui.
Miré el reloj y comprobé el escaso tiempo de que disponía para tomar alguna decisión o llegar a alguna conclusión después de lo vivido, y me dije: en realidad ¿quién me apura? Me senté cómodamente, respiré hondo, y pensé: puedo disfrutar de esta maravillosa
Experiencia, puedo analizarla con calma y puedo, sobre todo, seguir viviendo en este mundo mío tan particular y loco.
Como ya adivinábamos desde el principio me había convertido finalmente en elefante. Llegué hasta casa con mucha dificultad, ya que a cada paso que daba me pateaba la trompa, las orejotas me tapaban la visual, que además había disminuido muchísimo ya que es proverbial la miopía de los elefantes. Era un desastre ambulante. Me paré frente al espejo y pensé: adaptación o muerte. Así que opté por la primera. Me prendí las orejas del pelo con coquetos brochecitos y la trompa me la acomodé en el cuello dándole varias vuelta como se usa ahora, tratando de no estrangularme en mi torpeza y salí a llevarme el mundo por delante.-
FIN

No hay comentarios:
Publicar un comentario