Gitano, de camaleónica estampa, es mi mosca personal orbitándome en sus horas de soledad.
Ése es mi escritorio, mesa o rinconcito donde trabajo, escribo o creo. Hoy es un pueblo sin tierra, por eso su geografía se las debo de tan difusa que es aún.
Su mejor versión es un pedacito de la mesa de la cocina, la punta que más da hacia la ventana, una silla de madera simple, un cuaderno con mucha “hoja en blanco”, la vieja latita de coca-cola repleta de lápices y lapiceras (muchos de ellos que funcionan cuando quieren), un termo y un mate con su alfombra repasador para no armar lío, el insustituible pequeño diccionario de mamá y la güitarra a mano, por las dudas...
Gustavo Oxehufwud
Integrante de Escritores Creativos 2014
